Ifigenia

George_Romney

Padre: la suerte de tus armas
no dependía de mi muerte.
Nada une a la cordera con tu enemigo.
Nada unge al metal.
No hay magia en las estrellas
y la sangre, diversa
jamás entrará en la letra:
nada unge al metal, el fuego
no tiene nombre. Mis heridas
no serán un eco de las tuyas
más que a través de aguas imposibles.

BEATRIZ VIGNOLI

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Circe

Circe, de Nicolas Regnier

Circe es mi nombre
me llaman bruja
y maga
y hechicera.
Amo el mar
la furia del mar
contra las rocas
y sus acantilados
tenebrosos.
Nunca amé a un mortal
ni siquiera a Ulises
pude amar.
Me gusta lo fugaz:
la chispa
y no la hoguera
el encuentro fortuito
sin adioses.
Fui siempre fiel a mi destino
me impulsaba
jugaba con los hombres
caían aturdidos
en mis redes
los convertía en bestias
los volvía a su forma
y seguían amándome
y tejían guirnaldas para mí.
Me cansé de mi juego
era pueril
los expulsé a todos
de una vez
me quedé sin esclavas
ni efebos
sin bestias
sola
en mi isla sepulcral
yo sola frente al mar
con los alisios
condenada a mí misma
y a la paz.
Mis recuerdos son tersos
tengo dura y vacía
la mirada
mirada de gaviota
o de albatros.
Quizá si hubiese amado
algún dardo heriría mi memoria.

CLARIBEL ALEGRÍA

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Penélope

penelope-de-john-william-waterhouse

Teje y desteje,
impaciente Penélope,
la trama de los días.
El amor, aunque vuelva,
no vuelve nunca.

JAVIER ALMUZARA

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Eurídice

Orfeo y Eurídice, de Rodin

El ha venido a buscarte y está aquí,
canción que te llama y quiere que vuelvas,
canción de dicha y de pesar
a partes iguales, promesa
hecha canción, promesa
de que todo será, allá arriba, distinto
a la última vez…
Hubieras preferido seguir sintiendo nada,
vacío y silencio; la estancada paz
del mar más hondo,
al ruido y la carne de la superficie,
acostumbrada a estos pasillos pálidos y en sombras,
y al rey que pasa por tu lado
sin pronunciar palabra.
El otro es diferente
y casi lo recuerdas.
Dice que canta para ti
porque te ama,
no como eres ahora,
tan fría y diminuta: móvil
y a la vez quieta, como blanca cortina
o soplo en la corriente
de una ventana a medio abrir
junto a una silla donde nadie se sienta.
Te quiere “real”,
un cuerpo opaco,
sentir cómo se espesa
(tronco de árbol o ancas)
y el golpe de la sangre tras los párpados
al cerrarlos
la llamarada solar…
sin tu presencia no podrá sentir
este amor suyo…
Mas la súbita revelación
de tu cuerpo enfriándose en la tierra
fue saber que le amas en cualquier lugar
hasta en este sitio sin memoria,
este reino del hambre.
Como una semilla roja en la mano
que olvidaste que aprietas,
llevas tu amor…
El necesita ver para creer
y está oscuro.
Atrás, atrás…, le susurras,
pero quiere que vuelvas
a alimentarlo, Eurídice,
puñado de tul, pequeña venda,
soplo de aire frío,
no se llamará Orfeo
tu libertad…

MARGARET ATWOOD

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Tántalo

tantalo-de-giocchino-assereto

El río sediento
Huyendo del agua.

EMILIO ADOLFO WESTPHALEN

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Ifigenia en Áulide

ifigenia-de-anselm-feuerbach

El viento, siempre el viento detenido
más lejos que las naves presurosas;
todo el clamor se rinde perseguido
por implacables voces tenebrosas.

La sangre como un mar, como un gemido
comienza a incorporarse rumorosa;
la playa se traspasa a cielo conmovido
que albergara a una tropa silenciosa.

Y el cuerpo de Ifigenia entra la blanca
señal de aquella muerte que es más breve,
ya comienza a ascender, ya se levanta

sobre el prado sonoro de su nieve:
el viento, el viento eterno libertado canta
desatando en la corza el paso leve.

GASTÓN BAQUERO

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Decir no

captura

Decir no
decir no
atarme al mástil
pero
deseando que el viento lo voltee
que la sirena suba y con los dientes
corte las cuerdas y me arrastre al fon-
do
diciendo no no no
pero siguiéndola.

IDEA VILARIÑO

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